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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las caras de Bélmez en general y la de Vázquez en particular

     Estuve viendo el pasado domingo cómo Iker Jiménez planteaba en Cuarto Milenio el misterio de las caras de Bélmez en un magnífico programa elaborado al detalle, bien planteado y desarrollado, y no pude evitar traspasar el más allá y visualizar las caras de Bélmez con sus misterios a la par que la del Vázquez con su premio, fenómeno paranormal que también se me mostraba intrigante en el pensamiento mientras disfrutaba de aquel discurso en el que Iker hablaba con naturalidad, inteligencia, coherencia y mucha profesionalidad, enfocando su persona hacia un segundo plano con muchas horas de trabajo en equipo a las espaldas y ejerciendo de un agradable medio transmisor que nos llevaba directamente a la noticia y su interés. No entiendo por qué se le da el premio Mainat a un presentador que trabaja de engreído y que a estas alturas sólo sabe fardar de su dieta y del enfoque de su imagen desde las zapatillas a cualquier ángulo que le marque la posturita y que, haya lo que haya detrás, públicamente sólo muestra su exagerado ego concentrado en una chirriante soberbia, empeñada una y otra vez en poner morritos a cámara cual selfie adolescente (sepultados bajo engrudos de relleno que parece que les venden a granel y que sirven para todo menos para embellecer); una oda excesiva a la superficialidad y, aunque muchas veces lo hace para que se rebote quien más empeño pone en la crítica, no tiene explicación alguna que pueda ser premiado en la categoría de presentador cuando desde hace ya mucho vive sólo de las rentas y es el más prescindible junto con la Padilla porque las bestias que se alimentan de sus audiencias lo hacen con las miserias de los colaboradores y no con las supuestas profesionalidades que supuestamente debemos suponer de quienes presentan, que desde luego en pantalla no se ven; la una, claramente artista en su faceta cómica pero que no tiene la más mínima información (ni la intención) sobre el cotilleo y la farándula que la envuelve cada tarde y que en inevitables gestos se nota que desprecia; y el otro, un muy buen comunicador venido a menos y embutido en claro ejemplo de cómo no hay que comportarse o cómo se puede perder la grandeza por el camino; se podría ir de vacaciones para toda la vida sin que nadie lo echara en falta porque nadie lo recuerda durante su ausencia aunque luego vuelva a bombo y platillo, con premio paranormal incluido. Pura farsa. Bien ejecutada. Pero no periodismo.
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entre manipular y no manipular yo tampoco choi manipular .-edzmundita dixivip6