Imagine usted que le dejan participar en un juego en el que nadie puede hacer trampas excepto usted, que tampoco está seguro, pero imagina que siendo muy amigo del dueño del juego, si hace alguna trampilla su amigo hará la vista gorda. Aunque la idea es ser muy legal, muy reivindicativo e ir siempre con la verdad por delante, y las cosas de frente, nada de triquiñuelas. Así que aguanta como un jabato porque es mucho más emocionante ganar al rival en igualdad de condiciones y sin necesidad de comodines. Pero de repente, un bolinche, un obstáculo, un despropósito, una ilusión óptica, un muro de contención, un amigo, un enemigo, una croqueta, como quiera llamarlo. El caso es que todos tienen un ritmo que los va llevando hacia delante a través de las casillas que indican la flecha a seguir hasta el premio final menos usted. Problemas técnicos, de comprensión, de alboroto, de entendimiento, de tontos, lo que sea, el caso es que o se descuelga o se agarra a esas pequeñas trampas que con un poco de suerte y turbo no las ve nadie y lo recolocan entre el resto de jugadores de nuevo. Sólo esa vez, para salvarse. No va a hacerlo más, que no está bonito y si le descubren le pueden llamar tramposo. Y eso no. El caso es que para representar a la gente llana del pueblo ni se tienen que querer privilegios ni mucho menos aceptarlos. Por eso, hay que tener en cuenta que si su amigo el dueño del tablero se ve obligado a llamarle la atención debe usted de acatar el castigo y asumir gran arrepentimiento. Ya pasará el mal momento y otra ocasión vendrá. Al final, si le parece que tenga que pedir disculpas, hágalo para que le ovacionen pero sin arrepentirse de nada. Los colores existen y es una tontería ignorarlos. Más adelante, conforme avance el juego, acontecerá una especie de milagro en el que usted ya no podrá opinar, ya no podrá optar, ya no podrá discernir entre un jugador y un monigote y creyéndose rey o caballo, alfil o torre moverá hilos de peón donde el que los sostenía tendrá que redefinir las reglas de la vida. Pero será ya tarde. Y mortal.Una vez pasó esto:
Y entonces se hizo la luz y dijo LA VOZ DE LA JUSTICIA:

"LE QUITAMOS A BELEN EL MAYOR PRIVILEGIO QUE PUEDE TENER UN CONCURSANTE QUE ES NOMINAR"
Y la Belensota, como todos, no debió pensar lo mismo, ya que el mayor privilegio que se le puede quitar a un concursante es CONCURSAR, y si no se hace mediante la expulsión directa, sí mediante la nominación, dejando en manos de los que votan la decisión de dicho privilegio. Así que, cuando Belensota escuchó su sanción, lejos de disgustarse porque se iba, algo que lleva anunciando desde que entró, querer irse, reaccionó de la siguiente manera, ya un poco sin su privilegio pero con sus privilegios, como todo buen tramposo se disgusta sin sus trampas pero con sus trampas.
Cuando salió del confesionario, después de tan duros momentos, lo peor fue tener que explicarse frente a sus compañeros..
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| AY QUE PESO ME HE QUITADO DE ENCIMA DIOS MIO TE LO JURO DE VERDAD ME SIENTO SUPERBIEN |
Y de aquellas primeras partes, vamos por las segundas o terceras, GHVIP es la BELENSOTA, nos guste o no, queramos echarla o no, si nosotros podemos votar y Paolo también, pues ya podemos imaginar dónde van a parar nuestros dineros cuando el Sr. Vasile descuelga el teléfono.
Y del centro de todo este circo chapucero y vergonzoso que no cierra su función ni cambia su actitud a pesar de los abucheos interminables del público respetable que paga por asistir a su función, surge la figura del payaso en el papel de presentador, que sin inmutarse y con una pasmosa tranquilidad, mientras habla con gente de casta inferior y mezcla voceríos con imágenes triviales de broncas y critiqueos, se marca todo un farol ante uno de los Chunguitos. expulsados insignes que acaparan no sólo asiento sino parrilla en sus cadenas, y que en pleno enfrentamiento en directo con Víctor Sandoval, ante una discusión chabacana, corrige ante un "hablaste muy mal de nuestra raza" con un "de vuestra etnia" dejando caer su posición de periodista de culto consagrado a tan insigne profesión... etnia... Y Jordi corrige con un "etnia" ante el vocablo "raza", ta vez raza sea más de perros para su gusto, rodeado de sanguijuelas capaces de dejarnos sin voz, ni aliento, ni sangre. Pero siempre es un lujazo tener un gilipollas más grande que la enchufada del pueblo a disposición de la cultura.
Para acabar, en vez de esta parrafada improvisada que se pierde en la inutilidad de cualquier reclamación entre las millones que existen, un halo de esperanza, un atisbo de fe, siempre nos quedará la realidad de una desquiciada que no sabe dónde está ni a qué dedica su tiempo libre, son muchos años viviendo de la desmemoria del vérdugo de sus miserias.






















