¿Sabía Omar que no se puede jugar con la realidad? ¿Y cuál es la realidad? ¿Vitín?, ¿Paula?, ¿su Redactora?, ¿el Super?, ¿la cabra con la que concursa?, ¿su seguridad?, ¿su inseguridad?, ¿su chulería?, ¿su cobardía?, ¿su posición de avasallador?, ¿la de vasallo?, ¿o
Mercedes Milá de celestina programando la reconciliación de su novia...? ¡Claro que sabía que no se puede jugar con la realidad!,
¡¡¡Lucía es la realidad!!! Y con Lucía no se juega, cualquiera para jugar menos con su piba, la que ha manejado los hilos de su magistral actuación como títere de avanzadilla en su propio
casting casero, remedio eficaz que va adquiriendo fuerza de costumbre en la cultura de los gehacheros...
Si es que es bastante inaudito que Lucía fuera a pasar cuatro días con sus amigas a la intemperie, lejos de las paredes de ese hogar que era su
nidito de amor antes de convertirlo en escombros desde un jardín divino donde hacer manitas con el
monigote de su futuro. Ahí lo dejó, tirado y abandonado (aunque obligada la pobrecilla por ser su primer estatus como rechazada por los cuatro costados en todos los años de noviazgo), y se fue a llorar lágrimas sin consuelo a una playa, de vacaciones, disfrutando de la pena,
desde el domingo de la Gran Gorra al jueves del Gran Chollo, nada que arreglar e inmisericorde, sabiendo que el bebo de la piba iba a estar encerrado con una jauría de enemigos durante tres meses. Podría resultar extraño, sí, antes de sospechar (después resulta lógico y de obligado cumplimiento) que Lucía
interpretó esa fase del concurso mejor que nadie, al más puro estilo de
NoemíGH13. Cuatro días de
vacances con las amigas antes de entrar en busca de su churri a trabajar-trabajar-trabajar-, o sea, una Noe pero a lo bestia, a lo
bomba atómica que dirían entre la Merceditas y el Nacho Montes.
¿Pudo ser Lucía la única que creyó realmente en la carpeta de Omar y Paula? ¿Realmente? ¡Esto es un jarrito de hierro oxidado para mi Paulita, que lo sepáis! Pues claro que es la única que creyó realmente en esa carpeta, pero desde una creencia totalmente real, que así cualquiera,
con trampas y a lo loco, en la realidad de la realidad real, la del más allá de esas cuatro paredes de Guadalix, ésa en la que cuando todos suspirábamos por ver a la Merceditas de Gala el primer
Gran Jueves, Lucía
buscaba una gorra donde meter todas sus deiciocho rupturas menos una, ¡la SUPERRUPTURA DE SUPEROMAR!, vaya si fue real esa carpeta para ella, como que esa carpeta la forró ella solita para meter a su Omar en la casa de Gran Hermano con una lección pero que muy bien aprendida.
¿Quién se puede creer que en esa pareja sólo ella llevaba la unanimidad de rupturas...?, yo que sé... ¿todas...? ¿todas todas todas todas menos una...? ¿...la de la gorra?
Hace falta fe y creer en milagros. ¿Siempre ha roto ella? ¿Siempre? ¿Siempre siempre? Esa costumbre tan
arraigada es muy difícil de traspasar y hacerla creíble, ya no para el ingente ejército al que contraatacar con argumentos detrás de una pantalla, sino para el único protagonista de las rupturas unilaterales con
dominio absoluto de ella punto com (a ante bajo cabe
com contra de desde en entre hacia hasta para por según son
sobre y pa'dentro). ¡Vaya si conoce la
Lusi a Omar, que después de dieciocho rupturas menos una, para hacer creíble la historia y que Omar arranque por fín todo decidido haciendo creíble-creíble con un par su ruptura de verdad de la buena, nada mejor que una gorra para marcar territorio y no se le
desparramaran las ideas bien organizadas de su novia! ¿No os dais cuenta? Si con ese Omar que ya conocemos han sido capaces de romper por una gorra -casualmente a cuatro días de entrar en GH (después de semanas por castings, blablablás y confirmaciones),
hubieran roto "por una gorra", así, haciendo cuentas por encima, en los dos años que llevan,
no dieciocho veces sino ocho ocho ochenta y ocho... Buenooo es Omar para sus gorras, y va a venir el conflicto a estrenarse justo antes de meter a nuestra Paulita en la vergonzosa carpeta que le ha forrado su novia... Si en esa relación se ha cortado, se ha cortado a dos bandas, tanto por un lado como por el otro, que
Omar tonto tonto, pero sólo en este último capítulo, conveniencia al puro estilo de los
sinvergüenzas sin escrúpulos capaces de utilizar a una mujer como pañuelo de usar y tirar, pero tanto monta monta tanto el uno como la otra.
Montan y pisotean, como bien razona
Paulita desde lo más profundo de su corazón y la incredulidad de sus sentimientos con su confesor... "yo no soy una mierda... para pisarme así el mierda tiene que ser él..." Pero él es él y es ella. Omar llegó solo y Lucía después, chula, engreída, prepotente, avariciosa,
falsa concursante que dice "estar haciéndolo de putísima madre", que se cree el centro del concurso y no duda en hacer de Paula destinataria de sus burlas resguardándose en una falsa alucinación en la que ella se proclamó víctima para poder pisar desde la sombra de la falsedad.
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la carpetita de Lucía
(sin folios en blanco) |
No, no, Lucía no lo dudó, por supuesto que no dudó entrar por la puerta grande que le abrió la organización. Es más, esa falta de indecisión y esa seguridad tan aplastante que tenía Lucía de lo que iba a ocurrir llegó hasta la organización tan en forma de presentimiento que buscaron un torero para lo que pudieran meter así no más salía el Wey Papirrín Tín Tín, ya tú sabes,
desaparecido en combate misteriosamente, con sus dudas matrimoniales y las de la propia Lucía. En esta
premonición hay que reconocer que la organización estuvo mucho más previsora con esa in-esperada entrada de Lucía (de buen rollo más de pollo que de primavera), que la ex-novia de pitiminí y encantadora señorita que volvió de la playa licenciada y con su
doctorado en ex de experta en derribos y demoliciones, y allá se nos coló a todos los sesentamiles
(#yotambiénsoyunsesentamil) ex-aspirantes, por los
agujeritos de las gomas que se estiran y se estiran y se estiran (y que dice la Merceditas que no existen porque dice el Alvarito que dice el de Másarriba que dice el Vasile que no se rompen) de su explosiva carpetita, granada en mano y
sin folios en blanco, y como consuelo fueraborda, con unas maletas
porta-muestrarios de gorros y camisetas,
más por ajustes promocionales que por improvisaciones sentimentales.
Paulita es un
daño colateral en la relación, un
comodín, el billete a la
fama, la gorra de la
lotería, el
pasaporte para la casa, el
proyecto de su tejado, y el
pan de sus hijos. Paula ha sido
manipulada de forma perversa por otra mujer sin escrúpulos que para entrar no ha dudado en hacer de sí misma una caricatura de princesa dócil y buena a la que su príncipe tenía que salvar, y con una increíble distorsión de los cuentos, con las
varias docenas de huevos que tiene esa relación, los que lleva ella,
se mete en la casa y se deja caer desmayada en el confesionario para que la salven como en un cuento de hadas, todo tan bonito, tan bien tramado, pero no sin antes declarar el castillo en
estado de sitio, dando un empujón a Paulita, verdadera princesa del casting de hadas, quítate ya que ahora me pongo yo, y así, de un gorrazo la convirtió en una preciosa brujita hechizada con voz de niña a la que culpar por darle ella misma la manzana con ponzoña y mentiras para hacer del castillo sitiado la base de nuevo reino adinerado.