Querida Marian:
Llevaba mucho tiempo queriendo escribir unas líneas para ofrecerte mi apoyo. Y ahora que Laura ha entrado en GHViP tenía pensando hacerlo y aún así me preguntaba en qué pueden afectarte media docena de párrafos que en el fondo no van a ningún lado. Y mientras lo pensaba, me encuentro con que ha sido tu cumpleaños y tu hija te manda una carta llena de amor y gratitud para felicitarte desde dentro de su encierro. No quiero entrar en todas las polémicas que tarde tras tarde los compañeros del padre de tus hijos utilizan como garante de sus acomodadas charlatanerías en las que hoy te defienden donde ayer te atacaban y a saber qué harán mañana. No podemos basar nuestros juicios en opiniones ajenas que bailan al son de los parámetros de las audiencias.
Tienes cuatro hijos y tú sola has afrontado la lucha diaria desde el momento en que nació tu pequeña Irene. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor. Escojamos dos familias con los mismos ingresos, una sin hijos, la otra con dos. Cómo viven, en qué emplean su dinero y su tiempo, qué caprichos se puede permitir la una o la otra. Hablo de sueldos normalicos. O una pareja con un hijo y otra con cuatro, la diferencia es tan abismal, todos los caprichos del único bebé en la casa dejan de serlo para convertirse en necesidades básicas del que tiene tres hermanos. Y hablo de sacar adelante una familia entre dos, porque independientemente de que el trabajo remunerado lo aporte sólo uno de ellos, toda la carga liberada para conseguir ese sueldo queda tranquila y confiada en manos de la otra mitad que saca adelante a los hijos en el día a día.
Y una de esas familias se rompe una tarde de julio y se van todos tus ingresos por el mismo camino por el que se va tu pareja y no sólo sufres como mujer sino también como madre ante la inocencia de unos niños que no entienden cómo dejan de tener de golpe todo lo que tenían y te echan la culpa a ti de su angustiosa incomprensión. Tiene que ser tan terrible, día a día, golpe a golpe. Y por si fuera poco, desde entonces cuestionan cada día de tu vida en un universo paralelo de ficción absoluta donde lo que importa es una señora con algodones rosas para su niña primorosa como princesita de cuento a la que no le caben sus cuatro hermanastros en la cuenta corriente porque lo importante es lucir en el nivel social al que se quieren subir con las pensiones que a ti te pertenecen. Y desde tu dignidad enorme luchas por la supervivencia de tus cuatro hijos una y otra vez, soportando la bola cuadrada que todos miramos, que no te deja olvidar y que te va mostrando todo tu pasado, otra y otra vez con el dinero robado a tus hijos, en forrma de tacones de ochocientos euros un día, otro el vestido que los acompañe, el bolso, los trajes, las cremas, los gyms, las cenas de postín, maravillosos viajes y entre tantos y tantos y tantos quehaceres en la vida de alta gama, los intermedios objeto de sus trascendentales preocupaciones con chapa y pinturas para rellenar de botox las grietas indeseadas que no hacen juego con esa vida tan perfecta y que no queda bien en cuarentonas que quieren protagonizar la serie de su vida eternamente quinceañeras. Y entonces cotiza cada vez más y más al alza la imperiosa necesidad de poner más intermedios en su vida postiza y acostumbrada a echar mano del dinero que por derecho también deberían haber disfrutado los cuatro hermanastros de su princesita, a estas fechas y a estas alturas ya ni se inmuta, pero que quede bien claro a todos los que estamos al otro lado del cuadrado que ella en estas historias no se quiere meter, es cosa de su pareja, a ella no le compete ni le afecta, a ella sólo le vale con poder estar sexy para la party de la noche y en cada party, tantas y tantas parties que irremediablemente estropean un poco el chasis de su inmaculada imagen, va engañando sólo lo factible mientras su rostro acumula cada vez más y más gestos de amargura porque todo se costea con el dinero que va tachando a la correspondencia de los hermanos de su princesita.
Y ahora la ponen tan bien puestica en su taburete delante de las cámaras como mamá de precioso chaval que calza porsche y viste veinticinco claras de huevos al día. Buen chico, noble e inocente, dicen, y surgen las voces defensoras de su inocencia porque le ha tocado vivir la parte bonita de la vida y que no tiene culpa de nada, insisten, y es que además está siendo tan correcto en el concurso. Claro que no tiene culpa al igual que no la tienen tus cuatro hijos de poder reclamar una pensión mucho más alta de la normal y unos lujos que se escapan a la normalidad, pero esta segunda parte es la que parece no entenderse y quienes se rasgan las vestiduras por defender a aquellos que no tienen culpa de haber vivido la parte acomodada de una historia, reprochan injustamente el derecho a exigir lo mismo a aquellos a los que se les ha negado. Tu hija nos está mostrando más de lo que quisieras porque va de frente por la vida, sin tonterías, sin aspavientos, sin adornos hipócritas cara a la galería. Sin embargo, el amaestramiento de la otra parte es fiel reflejo de la falsedad de su madre, esa puta costumbre de acudir a un compromiso contractual sin mojarse las manos en el objeto del contrato, sin decir nada, fingiendo con perenne sonrisa que todo es maravilloso y llevándose el dinero sin despeinarse un pelo y mintiéndonos a todos los que estamos observando. Han aparcado un muñeco falso en el salón de una casa convenientemente con sus instrucciones debajo del brazo. Nada que ver con tu Laura, pasión y realidad, dolor y alegría, visceral, sincera, auténtica. Pillada hasta la trancas por la vida, respirando convivencia por cada poro, buceando a pecho descubierto entre maniquíes con escafandra, sin maquillajes, sin gafas protectoras ni respiraderos falsos.
Qué orgullosa te tienes que sentir. No queremos botox maternales impasibles en una silla con falsa sonrisa porque no por mucho sonreír amanece lo que pretende que veamos. La realidad de su vida la sostienen esos dos surcos vengativos que sostienen a su vez la falsedad de su sonrisa y que han llegado al remordimiento de la edad del abandono y al olvido de la naturalidad y la libertad de la que tú tienes que empezar a disfrutar porque te la has ganado a pulso desde que tu pequeña rompió a estrenar la vida en tus brazos hasta esa carta donde Laura te sonríe ahora entre lágrimas recordándote que por fin os toca la mejor parte. Y es así, querida Marian, la belleza está en ti y no en esos dos surcos de amargura perfectos acompañantes del calvo sustitutivo de la Esteban y la Benito, un chulo incapaz de ser menos que nadie por lo que se ha visto obligado por sí mismo el espabilado a contarnos que Toño Sanchís habrá ganado con él unos setecientos mil euros. A Toño Sanchís en calidad de representante le ha dado setencientos mil euros, dice. Que son el veinte por ciento de 3.500.000 euros. Unos años y una parte de sus ingresos, así a bote pronto, en unos segundos de chulería inusitada. La grandeza de los importantes que trabajan para dar de comer a sus representantes y se olvidan de dar de comer a sus propios hijos. Pero no quería hablarte de dinero. Sino de tiempo. Y de amor. Y de madres coraje de las de verdad. Como tú.
Llevaba mucho tiempo queriendo escribir unas líneas para ofrecerte mi apoyo. Y ahora que Laura ha entrado en GHViP tenía pensando hacerlo y aún así me preguntaba en qué pueden afectarte media docena de párrafos que en el fondo no van a ningún lado. Y mientras lo pensaba, me encuentro con que ha sido tu cumpleaños y tu hija te manda una carta llena de amor y gratitud para felicitarte desde dentro de su encierro. No quiero entrar en todas las polémicas que tarde tras tarde los compañeros del padre de tus hijos utilizan como garante de sus acomodadas charlatanerías en las que hoy te defienden donde ayer te atacaban y a saber qué harán mañana. No podemos basar nuestros juicios en opiniones ajenas que bailan al son de los parámetros de las audiencias.
Tienes cuatro hijos y tú sola has afrontado la lucha diaria desde el momento en que nació tu pequeña Irene. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor. Escojamos dos familias con los mismos ingresos, una sin hijos, la otra con dos. Cómo viven, en qué emplean su dinero y su tiempo, qué caprichos se puede permitir la una o la otra. Hablo de sueldos normalicos. O una pareja con un hijo y otra con cuatro, la diferencia es tan abismal, todos los caprichos del único bebé en la casa dejan de serlo para convertirse en necesidades básicas del que tiene tres hermanos. Y hablo de sacar adelante una familia entre dos, porque independientemente de que el trabajo remunerado lo aporte sólo uno de ellos, toda la carga liberada para conseguir ese sueldo queda tranquila y confiada en manos de la otra mitad que saca adelante a los hijos en el día a día.
Y una de esas familias se rompe una tarde de julio y se van todos tus ingresos por el mismo camino por el que se va tu pareja y no sólo sufres como mujer sino también como madre ante la inocencia de unos niños que no entienden cómo dejan de tener de golpe todo lo que tenían y te echan la culpa a ti de su angustiosa incomprensión. Tiene que ser tan terrible, día a día, golpe a golpe. Y por si fuera poco, desde entonces cuestionan cada día de tu vida en un universo paralelo de ficción absoluta donde lo que importa es una señora con algodones rosas para su niña primorosa como princesita de cuento a la que no le caben sus cuatro hermanastros en la cuenta corriente porque lo importante es lucir en el nivel social al que se quieren subir con las pensiones que a ti te pertenecen. Y desde tu dignidad enorme luchas por la supervivencia de tus cuatro hijos una y otra vez, soportando la bola cuadrada que todos miramos, que no te deja olvidar y que te va mostrando todo tu pasado, otra y otra vez con el dinero robado a tus hijos, en forrma de tacones de ochocientos euros un día, otro el vestido que los acompañe, el bolso, los trajes, las cremas, los gyms, las cenas de postín, maravillosos viajes y entre tantos y tantos y tantos quehaceres en la vida de alta gama, los intermedios objeto de sus trascendentales preocupaciones con chapa y pinturas para rellenar de botox las grietas indeseadas que no hacen juego con esa vida tan perfecta y que no queda bien en cuarentonas que quieren protagonizar la serie de su vida eternamente quinceañeras. Y entonces cotiza cada vez más y más al alza la imperiosa necesidad de poner más intermedios en su vida postiza y acostumbrada a echar mano del dinero que por derecho también deberían haber disfrutado los cuatro hermanastros de su princesita, a estas fechas y a estas alturas ya ni se inmuta, pero que quede bien claro a todos los que estamos al otro lado del cuadrado que ella en estas historias no se quiere meter, es cosa de su pareja, a ella no le compete ni le afecta, a ella sólo le vale con poder estar sexy para la party de la noche y en cada party, tantas y tantas parties que irremediablemente estropean un poco el chasis de su inmaculada imagen, va engañando sólo lo factible mientras su rostro acumula cada vez más y más gestos de amargura porque todo se costea con el dinero que va tachando a la correspondencia de los hermanos de su princesita.
Y ahora la ponen tan bien puestica en su taburete delante de las cámaras como mamá de precioso chaval que calza porsche y viste veinticinco claras de huevos al día. Buen chico, noble e inocente, dicen, y surgen las voces defensoras de su inocencia porque le ha tocado vivir la parte bonita de la vida y que no tiene culpa de nada, insisten, y es que además está siendo tan correcto en el concurso. Claro que no tiene culpa al igual que no la tienen tus cuatro hijos de poder reclamar una pensión mucho más alta de la normal y unos lujos que se escapan a la normalidad, pero esta segunda parte es la que parece no entenderse y quienes se rasgan las vestiduras por defender a aquellos que no tienen culpa de haber vivido la parte acomodada de una historia, reprochan injustamente el derecho a exigir lo mismo a aquellos a los que se les ha negado. Tu hija nos está mostrando más de lo que quisieras porque va de frente por la vida, sin tonterías, sin aspavientos, sin adornos hipócritas cara a la galería. Sin embargo, el amaestramiento de la otra parte es fiel reflejo de la falsedad de su madre, esa puta costumbre de acudir a un compromiso contractual sin mojarse las manos en el objeto del contrato, sin decir nada, fingiendo con perenne sonrisa que todo es maravilloso y llevándose el dinero sin despeinarse un pelo y mintiéndonos a todos los que estamos observando. Han aparcado un muñeco falso en el salón de una casa convenientemente con sus instrucciones debajo del brazo. Nada que ver con tu Laura, pasión y realidad, dolor y alegría, visceral, sincera, auténtica. Pillada hasta la trancas por la vida, respirando convivencia por cada poro, buceando a pecho descubierto entre maniquíes con escafandra, sin maquillajes, sin gafas protectoras ni respiraderos falsos.
Qué orgullosa te tienes que sentir. No queremos botox maternales impasibles en una silla con falsa sonrisa porque no por mucho sonreír amanece lo que pretende que veamos. La realidad de su vida la sostienen esos dos surcos vengativos que sostienen a su vez la falsedad de su sonrisa y que han llegado al remordimiento de la edad del abandono y al olvido de la naturalidad y la libertad de la que tú tienes que empezar a disfrutar porque te la has ganado a pulso desde que tu pequeña rompió a estrenar la vida en tus brazos hasta esa carta donde Laura te sonríe ahora entre lágrimas recordándote que por fin os toca la mejor parte. Y es así, querida Marian, la belleza está en ti y no en esos dos surcos de amargura perfectos acompañantes del calvo sustitutivo de la Esteban y la Benito, un chulo incapaz de ser menos que nadie por lo que se ha visto obligado por sí mismo el espabilado a contarnos que Toño Sanchís habrá ganado con él unos setecientos mil euros. A Toño Sanchís en calidad de representante le ha dado setencientos mil euros, dice. Que son el veinte por ciento de 3.500.000 euros. Unos años y una parte de sus ingresos, así a bote pronto, en unos segundos de chulería inusitada. La grandeza de los importantes que trabajan para dar de comer a sus representantes y se olvidan de dar de comer a sus propios hijos. Pero no quería hablarte de dinero. Sino de tiempo. Y de amor. Y de madres coraje de las de verdad. Como tú.
Por eso quiero regalarte sólo este rato, en el que pienso en ti mientras impotente no alcanzo la abismal diferencia en nuestra manera de vivir y sólo por ello me siento tan orgullosa de ti como tus hijos, qué osadía, tan orgullosa, qué me importará a mí dirás, qué fácil es decir pensarás... si sólo pudiera sacarte una sonrisa, una sensación agradable durante estos minutos.
Quiero regalarte lo único que puedo, estas palabras, que no sé si leerás pero aún así las escribo desde una profunda parte de mi corazón, en el que aparco todo este mundo de los realities a los que asomo desde aquí con la única intención de entretenerme un rato y siendo absolutamente consciente de lo afortunada que soy porque puedo sentir estos momentos de libertad desde una soledad buscada que no podría en otras circunstancias. Y al menos hoy, con esta entrada, que no busca sino sólo ser una carta para ti, que no puede ser cerrada porque ni tengo ni quiero la oportunidad, quiero que aquellos que puedan leerla reflexionen simplemente desde el sentido común que da la vida real.
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| madre e hija, guapísimas♥ |

