Suso y Raquel cuando están encamados tienen el detalle de pensar en nosotros en vez de perderse en esas conversaciones de pareja que rezuman ilusión y futuro. Bueno, cargadas de futuro suelen estar porque en la cama se meten ellos, la Posada, el apoyo de Amanda, los platós y miles y millones de fans que no pueden aguardar a que salgan para hacer bolos. Todos juntos, bien revueltos y la frase de amor que llega justo en el momento oportuno, ése en el que Raquel dice algo que al cerebro concursal de su amado no le encaja exactamente como debería en la casilla que corresponde y entonces le espeta: "No sé qué Gran Hermano está viendo tú". Como ésta, cualquier otra conversación más fuera de la cama pero cada vez más dentro de la agenda. Y así poco a poco, Raquel está consiguiendo estorbar a Suso, ya no le interesa ir con ella de la mano por ninguna parte, ha llegado y le ha quitado a su hermana de las extensiones ansiosas. Tanto no será y él no se casa con nadie que no tenga el maletín en las manos. Y lo peor, en las pasadas nominaciones tuvo que darle tres puntos de cobarde a Sofía por un motivo de mera supervivencia, todos sabemos qué pasa cuando una mujer reventada de celos va exigiendo a su pareja condiciones que no le competen.
Y llegados a este punto, tenemos a Merceditas preguntándonos cuándo vamos a hablar de su Gala, tranquila Merche, que estamos con un contratiempo, en cuanto acabemos hablamos del pasado jueves.
Nos situamos pues. Y no están solos. Se levantan, tienen que hacer una prueba, recogen la casa, preparan la comida, charlan, cuchichean, chumichean, pikipean, se entretienen y se divierten, como en cualquier casa, espectacular, un montón de amigos, pero muchos, aprovechan para convivir como en unas vacaciones idílicas con todos los gastos pagados. El ambiente cada día debería ser más natural si no fuera porque jueves, domingos y martes entran a saco a recordarles que están en un concurso y rodeados de cámaras donde los compañeros te nominan y te pueden echar a la puta calle y a dos velas y sin maletín que te quedas.
Mercedes vuelve a recordarnos cuánto tiene que esperar para que hablemos de su Gala. Tranquila, Merceditas, anda ponte a la fila, ahí detrás, sí sí, justo la última. Y no hables hasta que llegue tu turno que estamos grabando.
Ahora decimos Tarifa y Nueva York y el sobresalto entre el público es mayúsculo. Efectivamente, un huevo nos importa si dos concursantes hablan en clave sobre verduritas al vapor o si una vez amonestados, verbalmente, oigan, esto es un concurso, tiene que haber algo de actividad, deciden excusarse con tan sólido argumento como es el de que les están grabando y prefieren dejar de vivir esa parcialidad de tiempo aunque agradecen les dejen seguir respirando para llegar a buen puerto, usb, salida de urgencia para discapacitados que no entienden de qué va esto.
Que si falta mucho, dice Merceditas. Que todavía se acuerda del código cero uno cero cuatro. Quítate ya, pesada, que estás estorbando.
Hay que darle al botón. Cuenta atrás, dos minutos, y Sofía decide no avisar a Raquel para que esté pendiente de darle al botón al finalizar la cuenta atrás. Va a tomar un trago de agua y para cuando vuelve la ceporra sigue durmiendo y el botón se ha ido a freír puñetas hasta nuevo aviso. Aquí nos vamos acordando de que la convivencia no es tan como debería ser. Y el cabreo que nos agarramos, eh? Qué se ha creído, con qué poca vergüenza acumula una penalización para perder la prueba, se van a quedar sin comida por su culpa, manos y manos y manos a la cabeza que no sabemos de dónde salen tan a espuertas.
Cojones, Marimerche, cállate ya, que ya te nombraremos.
Pero no, van al confesionario, ella y Marta. Y entonces Sofía, como gran inteligencia pensante y excelentísima concursante, hace uso del confesionario para lo que es, confesar ante el Super, que está para lo que está, y no para ser desgastado por su nombre hasta la saciedad con tonterías infantiles de guardería, pues eso, que Sofía confiesa que no ha querido despertarla ante la estupefacción de Marta, que convendréis con nosotros que ver a Marta estupefacta es como ver al chino vestido de albañil picando piedra en el jardín, así que entra el juego y la maestría de la mejor concursante hasta el momento.
Anda cómprate una ducha y date una vuelta, Merceditas. Luego te nombramos a ése, sí, sí, a ese mismico.
No va y dice que quería ver la cara de Raquel haciéndose la doliente y fingiendo lo más grande por los pasillos que ella que por su culpa que van a perder que va a ser el fín de los carromatos y venga sufrir la pobre mujer porque por su culpa aquello por lo que todos luchan se va a hundir sin remisión. En este punto la cara de Marta no tiene precio, ningún precio. Su padre seguramente no la reconozca tras la pantalla.
Y remata Sofía, que sí, que lo ha hecho adrede, que quería ver cómo miente Raquel, que le hace gracia verla mentir, pero que no pasa nada. No nos vamos a morir. Que sólo es una prueba, qué nos van a hacer. Es que ya más que nos va a pasar, Marta, no nos vamos a morir, sólo piensa eso. Y Marta, que dice que por una lado le dan ganas de apuñalarla pero por otro que ahora flipa con la cara de Raquel. Y por si fuera pequeña la jugada maestra bajo nuestra supervisión, va después y lo reconoce delante de todos los compañeros, que quería ver a la mentirosa de Raquel haciendo aspavientos.
Quita, Mercedes. Perdonen, pero sólo le faltó sacar un puñado de lentejas y echárselo a la radiante novia.
Quita, Mercedes. Perdonen, pero sólo le faltó sacar un puñado de lentejas y echárselo a la radiante novia.
El caso es que Raquel con la reacción de esta historia es la única vez desde que ha vuelto a entrar que la hemos visto actuar con más naturalidad, porque con su cabreo llevaba toda la razón. Toda. Pero la gracia no está en quién tiene la razón en este caso, sino en el pedazo farol que se ha marcado una concursante magistral en el juego. Vaya órdago con dos ovarios. Y es más, Suso no sólo alucina con la jugada sino que admira a su rival y le tiene tanto cariño que le revienta no poder acercarse a ella, no importa que se vaya Raquel, Suso tiene tal respeto por esa contrincante que ya ha definido que es como él que no se acercará porque su valentía no le da para las mujeres de verdad.
Ahora sí, Merceditas, díme.... ¿que nombre a quién? ¿que si no qué? ¿pero no eres libre como el viento y haces lo que te da la gana cuando pasas de Alvarito? Espera, espera, que me falta una cosilla.
En resumidas cuentas, que ahí nadie se va a morir por perder una prueba, que los tienen pero que muy bien cuidados y que nadie ha ido a comer de menú pomposo todas las semanas. Ahí, como nos lo recuerdan continuamente Suso y la susodicha en la cama, han ido a concursar y quien dice concursar dice jugada magistral de una chavala de diecinueve años. Y con esa edad los de treinta quedan muy lejos y muy viejos. No es la primera vez que Sofía sorprende con genialidades en el juego. Recién entrada de la repesca, cuando Raquel intentó acercarse a ella, como ganadora de la sosa rencompensa, eso sí, con su ventajita de rechula ganadora del glotonsusete con su glotoncito, Sofía le escuchaba y le decía sí sí, tranquila, tú no te preocupes, y luego una vez pasada la gran actuación con la que entró la repescada, Sofía, toda ella, suprema, le decía a alguien al grito de todas las cámaras enfocándole que si hubiera querido le habría engañado y montado el numerito de las nuevas más mejores amiguísimas. Es tan sincera como puñetera como lista como jugadora como lo que ella en cada momento quiera. Y según Aritz, convenientemente disfrazado de corderito, no vale más que para comer, dormir y suspirar por un tío. Tamagochi por aquí, maletinico por allá. No sabe nada el vasco cuando nomina, pero lo hace a mentira recubierta de verdad, revestido de alevosía y engaño al espectador, igual que se enamora de las orejas del chino pero no de su masculinidad.
Ya ya, qué zapatos más estupendos, Merceditas.
Una vez, en el Gato Encerrado, comparé a un gran concursante con Miguel Induráín, porque iba a rueda hasta que pillaba la curva justa donde adelantar y dejar atrás a sus rivales. Era la edición de Pepe Herrero y Dayron. El caso es que Sofía en una carrera de ciclismo no tiene puerto para seguir a nadie, usb u a saber, porque Sofía es la reina de las contrarrelojes y tiene el mismo sentido de la honestidad con nosotros que tenía Pepe Herrero, porque los amigos se encuentran en la vida y a ellos los conocieron en la casa y a nosotros a la salida. Concursantes como Pepe y Sofía
son los que hacen de Gran Hermano el de siempre, el de casa, el de Guadalix.Ya ya, qué zapatos más estupendos, Merceditas.
Una vez, en el Gato Encerrado, comparé a un gran concursante con Miguel Induráín, porque iba a rueda hasta que pillaba la curva justa donde adelantar y dejar atrás a sus rivales. Era la edición de Pepe Herrero y Dayron. El caso es que Sofía en una carrera de ciclismo no tiene puerto para seguir a nadie, usb u a saber, porque Sofía es la reina de las contrarrelojes y tiene el mismo sentido de la honestidad con nosotros que tenía Pepe Herrero, porque los amigos se encuentran en la vida y a ellos los conocieron en la casa y a nosotros a la salida. Concursantes como Pepe y Sofía
MOLESKINE DE LA GALLINA



