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jueves, 7 de mayo de 2015

SV2015. CAPÍTULO 8. SEGUNDA PARTE. EL OBJETO PERSONAL

yo prefiero jugarme un concurso que mi felicidad
(Elisa, SV2015)



     Decir que que Elisa De Panicis quería abandonar Supervivientes por un peine es como decir que después de exhaustivos reconocimientos médicos descubrieron la diabetes que Carmen Gahona lleva controlando desde hace años, no sé, la primera noticia que recibimos es que no podía concursar... ¿por una diabetes? ¿por un peine? ¿será una rosa? ¿será un clavel?

     No era un peine, era el objeto personal de Elisa, aquel que eligió para que le acompañara durante el concurso igual que Suhaila eligió un enorme oso de peluche o Lomana sus pendientes de perlas (que los tornados les cojan confesados). El objeto personal que te tiene que acompañar mientras dures en el concurso. Ella se lo dejó a sus compañeros pensando que la audiencia la había expulsado y que se volvía al plató de Telecinco. Pero la mandaron a la isla desterrada a seguir concursando en igualdad de condiciones que los demás. Así que pidió su peine y se lo negaron. Diez días pidiéndolo, diez días negándoselo. Imagino su enorme indignación. Si todos los concursantes seguían con sus objetos personales por qué ella no podía teniendo en cuenta que la confusión partía de una creencia errónea inculcada por regla para ella y sus compañeros. 

     Y aquí viene la gran pregunta de la presentadora, esa Raquel Sánchez Silva tan crecida ya en los menesteres profesionales de sus colegas de profesión bajo las órdenes de la cúpula de la cadena como la que más. El caso es que, tras el recochineo del "por un peine", su manifiesta intención de insistir con la concursante en que "lo que ha ocurrido es absolutamente lógica de concurso" encierra todas las claves. Irrisorias, por supuesto. No esperábamos menos de ellos.

     Primero, absolutamente lógico, que uno se lleve su objeto personal para que cuando salga, éste se quede en manos de los concursanes que sigan concursando, así, a la vuelta de dos meses, los dos o tres que queden puedan montar un chiringuito para ir llevando las penas con la gloria de los organizadores, un peine, unos peluches, unas perlas, no sé, lo que vayan acumulando, y de paso el que salga que deje también la mochila y van montando una boutique de segunda mano para los nativos en horario de no grabación. Vamos, que la lógica de concurso sería justo la contraria, que el concursante disfrute de su objeto personal y sobre todo, que cuando se vaya se lo lleve con él, y más aún sabiendo la organización que es una "falsa expulsión". Que digan en la despedida que tienen que llevarse todas sus cosas y que está prohibido dejar nada, no sé, que la primera noticia que reciban tras la expulsión sea que no pueden dejar sus cosas y su objeto personal... ¿por una regla? Y así no hace falta que nadie se mosquee, y sobre todo, a chapuza pasada, no hace falta ir a quitarles el peine de la expulsada para que se queden con la mosca tras la oreja teniendo en cuenta que pueden conseguirle un peine de iguales características, tal vez... ¿por alguna sección de ventas que tanto conocemos gracias a sus queridos patrocinadores? Lógica aplastante de concurso. Esto. Y no una más de sus tonterías saltarinas en las que menosprecian a concursantes que sobreviven solos con una sonrisa y sin plataformas medio hoteleras como es el caso de Elisa a la par que dejan sus babas correr tras otras que llevan toda la semana desaparecidas en combate porque no tienen ni la gracia ni la capacidad de destacar entre un charco de barro y cuatro chuzos de agua. 

     Si Elisa hubiera querido chantajear a la atenta producción (atención atención producción) con pataleos y lloros para conseguir el peine, no hubiera tenido que soltar en directo que a veces da resultado chillar y llorar poniéndose por tierra para la ropa o la comida porque lo hubiera conseguido el primer día. O el segundo, o el tercero, o el cuarto, o el quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno, décimo (esto es como los años de Chabelita, que no los dejamos pasar en balde para hacernos una composición de realidad, en ambos casos...)  Así que si algo tenía claro antes de conectar con la presentadora de aquí (como dice acrata) era que la tomadura de pelo había alcanzado ya dimensiones considerables y que al fin y al cabo carácter pero con moderación. Con qué maestría aprovechó también la coyuntura de hacerse notar para lo de la carrera ascendente nacional panorámica ibérica de recebo, digo de recibo. Pero se hubiera ido. Tenía claro que su objeto personal le pertenecía a ella y no a los demás, que no pedía sino lo que le pertenecía por derecho, y que o la llevaron al extremo de utilizar un momento directo en el debate con un resultado imprevisible por valiente y arriesgada o son exageradamente sinverguenzas con el poco respeto que muestran a concursantes y audiencias. Todos sabemos que Vasile metió su objeto personal en GHVIP (una trituradora de repollo) y que no hubo forma de quitárselo. 

    Pues un peine es un peine. Y Elisa una superviviente con personalidad y arrojo, recurrente e ingeniosa, que no se ha dejado amilanar por ese poderío con que pretenden dominarles como a esclavos a golpe de piloto rojo encendido. Vengo por lo de rojo. Que ya nos conocemos. Olé por ella. 

     En cuanto a esa comida o ropa a base de pataleos que ya se ha destapado que existe, no caí en lo que nos dice Mariman en los comentarios sobre que se tratara de Arantxa y su crisis nerviosa,que sí pareciera puntual y tal vez precisamente por eso no lo ví. Una Arantxa absolutamente invalidada por el presentador, como si la hubiera descatalogado de la lista vigente de concursantes, con su perfecta provocación de desalmado guasón que con tal de lucirse un par de minutos más porque parece que no tiene suficiente con el resto de todas las horas de toda la semana,  llevó con chanzas y burlas a  la pobre muchacha a la convicción de que en apenas unas horas disfrutaría en el hotel de una deliciosa hamburguesa con patatas cuando su destino era acompañar durante toda esta semana a Elisa en la isla desterrada.  No pensé en Arantxa porque además creo que se refirió a su convivencia con el grupo entero y recordé que a estas alturas los concursantes de la edición pasada estaban mucho más demacrados y sufrían y discutían por la comida poniendo la vida mucho más en ello. Ver a los novatos llegar a la isla privilegiada y sonreír pasivamente mientras observan las vistas de deliciosas frutas, manjares a sus ojos y sentidos y necesidades, y en vez de cortar con un cuchillo un melón en varios pedazos grandes y empezar a comer sin mediar palabra, que sería lo lógico en quienes no han comido más que apenas unos cocos en una semana, de pronto, observan la fruta, hablan, se deleitan en su conservación más que en su consumo, cogen un cuchillo, tajada que ni para un niño de dos años, vista a la izquierda, a la derecha, ¿quiere alguién más una tajadica? y todos haciéndose los remolones, un pasotismo que no es normal, no tienen ansiedad con la comida, no discuten, viven, pasan la vida. Recordé un comentario que hice al principio sobre que parecía como si después de comer en mesa camuflada la tapasen con un par de palmeras delante cuando veían llegar los cámaras y se preparasen para la grabación. No me producen sensación de hambrientos. Ellos mismos dicen que no tienen hambre, dejan los platos llenos, ¿dónde están los famosos cangrejos y todas las porquerías que en otras ediciones devoraban? Dejando arroz para la cena o diciendo de dos magníficos pescados que les han regalado que no estaban mal aunque los han comido mejores, cuando siempre se han destacado por estar comiendo mejor que en toda su vida un triste arroz con pescado cocido. Haciendo feos porque esos dos peces como enormes besugos no son pollos o porque las latas no contienen sus expectativas. Desgana. Es lo que veo. 



MOLESKINE DE LA GALLINA

sí, es lo que parece

     Y por cierto, para acabar, nos quitarán a Cristopher porque Carmen Lomana sabe saludar con sus dedos arrugadicos a sus cientos de miles de seguidores en twitter, y así no hay quien se salve, sí, hay cuatro nominados más y blablablá, para qué molestarnos, el caso es que preferimos pensar desde este humilde blog que hay una campaña orquestada por los celos del egocéntrico presentador que en lo más profundo de su fuero interno desea sacar  de nuestras ilusiones a ese chaval de apenas diecinueve años  que le está haciendo sombra cada vez que conecta con la palapa. Tímido, todavía sin estrenarse en el concurso, esperando a no cohibirse tanto, pero simpático y agradablemente educado. A pesar de vivir en un status social que le permite todos los caprichos ha agradecido la recompensa por las caracolas como excelente superviviente y persona, contrastando con el desprecio mostrado por un Labrador que tanta necesidad parece haber pasado. Será una pena si sale. Despuntaría como esa persona divertida que se le intuye. Y muy original. Vestido impecable e implacable, con un estilazo que llama la atención de la cámara en cuanto entra en su visual. De hecho, ha conseguido  opacar cada jueves al presentador de las galas con su estilo tan peculiar y sus camisetas tan originales como llamativas. Jorge Javier Vázquez no remonta un apagado look desde que aparcó las bermudas por mucho equipo de sastrería que le cubra las espaldas y por mucho animal televisivo que quiera vendernos, porque no hay animalico que luzca mejor en un hombro que nuestra preciosa gallina en el de su adorado concursante, con una gracia y un cariño que ya quisiera el mejor bufón de la mejor corte a un peluche pegado.  
qué razón tienes, edzmundita

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entre manipular y no manipular yo tampoco choi manipular .-edzmundita dixivip6