Como decíamos nuestro peón, tal vez, seguramente, por anónimo, no ha conseguidos pasar satisfactoriamente el casting para entrar en la casa. Ni siquiera tenía la condición envolvente de un Tutto Durán que al menos como recuerdo alcalino consiguió mantenerse en la cuerda floja salvando la primera expulsión. Nuestro peón decidió, para asegurarse la entrada, repetir una por una cada una de las unas y otras palabras que pronunciara o pronunciase su antecesor, el Señor Don Pepignon Sergio Ayala que salvó los escollos del interrogatorio con el éxito suficiente como para que se le abrieran las puertas de par en par, de dos en dos, de pez en pez y tirando porque le tocaba. Así que ante las preguntas del cuestionario deshechó las clásicas recurrentes y se limitó nuestro avispado peón a asegurarse el pase respondiendo una por una, recalcando cada sílaba como recalcó el señor Ayala, a las preguntas clavadas a una estaca como una sabiduría a una doctrina despejada:
Redactor.- Hola Don Pepito
Peón.- Hola Don Pepé
Redactor.- ¿Pasó usted por mi casa?
Peón.- Por su ¡arsa! yo pasé.
Redactor. ¿Vio usted a mi abuela?
Peón.- A su gaviota yo la ví
Redactor.- Adiós Don Pepito
Peón.- Adiós Don Perignon...
Tal cual. Exactamente copiado del concursante que acababa de pasar el Casting satisfactoriamente. Excepto en la despedida del Perignon, que en el caso de nuestro peón se saldó como un simple formulismo dialéctico sin necesidad de traspaso físico del objeto en cuestión, aunque el gesto del adiós a la botella en plan metafórico, así sin continente ni contenido de una mano a otra fue tomado, esta vez sí, como un acto insurgente de mala fe o en todo caso ausencia de ella. Tal vez por ello o sin embargo, nuestro peón fue el único de los que se presentó que fue rechazado de plano. Y pleno. Y escaño. Se escañó igual que se escoñó el Señor Don Toño Sanchís pero con un par de semanas de antelación. El error. Sencillo. El don perignon no sólo había que decirlo sino al parecer también hacerlo. O simplemente el antecesor que pasó la prueba con éxito tal vez entrara por la puerta de los concejales, puerta ancha donde las halla y estrecha donde las patas. No hay puertas para los peones. Y hablando de pikkos y patas vamos ya llegando a la plataforma más grandiosa que jamás se haya creado en un Gran Hermano.
Por un gh cantarín.
Porque no todos los caminos llevan al maletín.
Porque #abadboy dixit las más sabias palabras que jamás se hayan escuchado dentro de esa casa.
Pero no podemos, no podemos del no poder de toda la vida, no empecemos con finas ironías donde las gaviotas van con trompas (avec trumpés) y los elefantes vuelan (en Tanzania, emocionados, gracias por venir al rey de la selva con su melena rodeada de cerebro del bueno -véase en capítulos anteriores- -o desperdigados-).
“He venido a aprender y las palabras de mis compañeros son un manantial de sabiduría que cuidaré por siempre.” dijo Alejandro Abad. Jamás un posicionamiento fue tan generoso con sus compañeros. Pero en esa generosidad no podemos obviar que el origen de estas palabras está en un profundo análisis del concurso por parte del señor que susurraba a los donpepes... porque no sería justo y necesario y creemos que debe constar en los anales de la cadena tan propicia toda ella.
Así fueron las palabras antecesoras al gran dixit y así dejaremos constancia de la mayor inspiración que se pueda provocar en una mente pensante humana y racional dentro de lo posible siendo lo posible una excepción tan grande como grande es la diferencia entre el uno, Abad, y los otros, a saber.
Todo empezó en un posicionamiento en el que el Super dijo: "Sergio..."
| el gesto de inteligencia perceptiva de nuestro Abad es espectacular!! |
En resumen y fundamental en esta tesis que aparca el peón para coger las riendas del Dueño y Señor del Saber Concursar con Inteligencia, el concejal concursante es lo que se dice de toda la vida un puto trepa desfasado y disimulado que muestra evidentes síntomas de mueble de tapadillo para cargarse los favoritos con la excusa de pillarle de paso y dejar los tropiezos que ya irán saliendo por sí solos. Al igual que el Ferri. Al igual que la Reyes. Putos tres desertores de GH a la zaga del fracaso.
Como principiante en decir una cosa y hacer la otra no está nada mal. El Super, que milagrosamente no ha interrumpido en ningún momento, intercepta al aludido, preguntándose si la razón de estar delante del Señor Ayala sea más por haberlo confundido con una gaviota, tal vez por lo del piquito de oro, tal vez por atolondramiento temporal de un concejal viceverso que conoció a Emma García en una triste tarde de tigres: "Alejandro, ¿tienes algo que decir?"
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| caminito gavioto al maletín de la chita callando el león de la selva, el real, vs el tarzán de los frutos secos. el tapadillo |
Alejandro, Abad, Contundente: "¡¡Sí!!" "Tengo que decir que yo he venido a Gran Hermano Vip a aprender y las palabras de mis compañeros son un manantial de sabiduría que cuidaré por siempre."
Palabra de Dior. Te Marearemos Señor.
Y así fue. Bueno, casi. Nuestros avezados becarios ya están tomando nota para el pozo de sabiduría del gran maestro de ceremonias y recaudando para el manantial del Gran Abad.
Sigamos con lo nuestro. El peón is out. No por poca cosa, ni siquiera por falta de notoriedad. Simplemente no hay partida, no hay juego, no hay jugada que comentar. Sólo hay un premonitorio Ge Hache Mate desde el mismo momento en que Abad Boy nos desbarató la partida de trece. Porque no todos los caminos llevan al maletín. Sólo uno. O ninguno.



