Desde el jueves pasado Irma Soriano sólo tenía un mensaje obsesivo para quienes le escuchábamos desde afuera: trabajo. En la rueda de prensa resaltó su trabajo. Trabajo, trabajo, trabajo. No hay trabajo bueno ni malo. Al micrófono por toda la casa solitaria diciéndole al Super que era un placer trabajar con ellos, que había sido un placer trabajar con ellos. Y en ese puesto de trabajo ha mostrado a lo largo del concurso de los demás que ella era superior, ella no podía tolerar ver cosas raras y no ir rápidamente a chivarse al puesto de la comandancia.Cuando expulsaron a Elettra su frialdad daba respuesta a esa madre que jamás le recriminó ningún comportamiento, disfrutaba en su camino hacia la victoria de todas las barbaridades que pasarían facturas a sus queridas niñas.
Salió su amiga a la que guardó luto lo que tardó en perderla de vista y reforzar en sus ansias que tal y como esperaba Irma Soriano resultó ser de las dos la importante, la válida, la imprescindible.
Y cuando llegó el momento de tomar la penúltima decisión de la audiencia no cabía en ella ser la expulsada porque Irma Soriano tenía claro lo mucho que había trabajado y esperaba su compensación como hasta entonces creía que se la iban dando. La consternación en su rostro reflejó la contundencia con que en el confesionario daba rienda suelta al formato más trepa que jamás se haya visto en concursante alguno.
Era tan evidente la posición superior de Irma Soriano ante el status de los otros concursantes frikis muertos de clase y categoría que incluso se permitió el lujo de retar con su altivez y sus gestos al propio presentador a lo largo de la entrevista como si fuera dueña de una sombra sospechosa que apurara al pobre Jordi con un despido fulminante tras un paso mal dado. Esos aires, esas ínfulas y esa desesperación.
No cuento lo que vi, no transmito lo que se sintió porque la gala de anoche fue digna de pasarla al archivo de la Historia del Gran Hermano que naciera en su día y terminase ayer muriendo públicamente, en brazos de una gran trabajadora que de tanto agradecer con tantos créditos y de tanto proclamar su supremacía profesional con tantas ganas bajó la guardia y nos regaló la prueba definitiva de que el concurso es la parodia y nosotros los gilipollas.
Antes de terminar con esa prueba que por fin abre las puertas públicamente a la inexistencia absoluta de improvisación y libertad, quiero dejar constancia del momento más destacable de esta edición dentro del concurso, aquella reclamación colectiva que lleva la audiencia años aclamando sin voz fue perfectamente ejecutada por Aída Nízar en la casa el día que se enfrentó a Emma Ozores llamándole mueble y poco profesional porque se rendía ante una prueba y pasaba de todo con la única intención de comer, dormir e ir cobrando semana tras semana lo más desapercibida posible no fueran a quitarle el chollo. Recuerdo que le preguntó si ante un aforo lleno en el teatro se podía excusar con un dolor de cabeza para no salir a escena. Esto me llenó de una satisfacción indescriptible, una retahíla de observaciones que siempre hemos hecho a lo largo de tantas ediciones acribillando al mueble enemigo que se escuda cobarde sin querer concursar, como bien demostró anoche una Emma Ozores que sin sentir que peligraba maletín alguno fue muy capaz de reproches y acusaciones con recochineo y recachondeo ya fuera de concurso y que nada tenían que ver con la ignorancia sino con la rabia impotente de no haberse salvado a través de sus tragaderas , aunque sí le sirvieron para expandir el karma soriano elevado a la enésima potencia.
Irma en su día le dijo a Alejandro Abad que ojalá nunca escuchase a nadie llamar puta a una de sus hijas y éste ayer le devolvió el recuerdo deseándole que ojalá nunca nadie le levante la mano a las suyas como hizo su Mariano con Aída Nízar. Entonces Aída Nízar le espetó a la entrevistada, ¿lo sabes? eh ¿lo sabes? ¿lo sabías?
Y entonces explotó. La bomba. La gran realidad de la mentira. Lo que llevamos ediciones intuyendo y denunciando desde la sensación más apabullante.
Que sí.
Irma Soriano le dijo que sí, que lo sabía.
Cruzó esa línea donde mantienen los que mandan al concursante a raya para pasar al lado de los que trabajan, ella que tanto trabaja y tan bien trabaja y tan nada o menos ha sentido que concursaba, ella que creía que ganaría el maletín porque el concepto de trabajar más que nadie y trepar a discreción debían ser las reglas de los sorpassos o algo así.
Pero no, le sacaron de su zona de confort, le metieron en el redondel de las humillaciones, le pusieron a todo y a todos en contra, le estiraron las cuerdas al límite y finalmente a la trabajadora se le cayó una verdad al suelo, una mentira se le cayó, lo mismo da que da lo mismo.
Y aunque reculó de inmediato, lo dicho dicho quedó y con su testimonio aquí terminamos la edición agradeciéndole infinito la prueba del delito.
¿Lo sabías? preguntó por tercera o cuarta vez Aída Nízar.
¡¡Sí, lo sabía!! explotó Irma Soriano. Glup. Y enseguida reculaba añadiendo que ella ya se lo imaginaba, que ya lo intuía, que ella algo se imaginó. Algo se imaginó, oigan, ¡hablando del mismo día de los hechos, el pasado jueves!!!!!!!!!!!! Ayer domingo si eso ella ya algo se imaginó. algo intuía toda ella en toda su intuición, pues hala, muchas gracias y hasta luego mari carmen, que diría la gran precursora de esta puta estafa de formato.






Holaaaaaaa













