"La caja no ha servido de nada, excepto para no perder de vista el funcionamiento del concurso dentro de esas paredes durante los últimos meses. Es un concurso, es un concurso y es un concurso. Embotado en conserva con la pareja más cuestionada de todas las ediciones. En su día se arrimaron entre ellos como dos buenos amigos que se entendían en inglés la mayor parte del día y en internacional durante la noche. Se hicieron maridos, más por parte de madre, de puta madre, se entiende, y tirando a chocolate.
La relación podía haber derivado en una relación como cualquier otra, donde dar y recibir es cosa de repartir, pero parece ser que hay ciertas barreras que no se pueden traspasar desde la amistad tumbada y eso repercute muy negativamente en una pareja de verdad porque todas las ganas que de noche se acumulan se van dejando de día por todas las esquinas. Arrumacos que se convierten en reproches y cajas de bombones rellenos de oreja o de corazón de pezón que se miran pero no se tocan y con el paso del tiempo la dulzura pura amargura, agua pura de bendito ron que llueve en cama de piratas dispuestos a sacarse las orejas, los ojos y los cuartos.
El vasco y el chino se han convertido en maridos de ron, pirata el uno con pata de palo, pirata el otro con dotes de mando. No hace falta explicar lo que todos sabemos y vemos. Un cofre lleno de monedas de oro donde unos entendemos la cara y otros la cruz y los maridos de ron entienden como buenos piratas que el uno se la quiere jugar al otro y se enzarzan en interminables discusiones donde el vasco se encarga de asegurarse de que el chino no le está vendiendo y el chino se encarga de coger carrerilla, siempre carrerilla nunca calderilla.
Por eso tenemos salpicón de pulpo de Santurtzi a las tres delicias.
Las tintas, las vikingas y las santas marías madres de dioses rogad por los robles peca picadores de todas las intenciones y peca pikidores de todas las curaciones.
El roble es Aritz, nacido para aguantar temporales de txunamis txinos. La Bikinga lo guarde en su memoria eterna y no lo vuelva a sacar jamás de recochineo, aibalahostia amén."
(Libro de los Salmonetes 02 y 04, versículos varios )
MOLESKINE DE LA GALLINA
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¿casualidad?
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El vasco no tiene ningún problema con ninguna ambigüedad. La mayor de todas sus verdades es la de que no tiene etiquetas. Y lo certifica cada noche con su chino. Tan tímido que es y no se corta para salir cada noche un ratito del armario y entrar de nuevo al son de la música que les ponen para despertarlos. Qué va. Gran tímido que se reconocía ayer diciendo que podría perfectamente jugar a personaje porque le resultaría mucho más fácil actuar.
La realidad es la contraria a esa creencia de su lucha interior y el rumor más extendido, cuestionado y comentado de todas las ediciones, su sexualidad y su empeño en negarla. No no, qué va. Lo tiene muy claro, su amiga entró en el apartamento sabedora de la falta de etiquetas y la seguridad del vasco en su querer hacer y deshacer en la cama. Sabemos, los tres, ellos y yo, por qué estaba allí, sabes por qué, le preguntaba ella. Y se miraban, y yo los miraba, y los tres nos entendíamos. Estaba allí porque el teatro el vasco no lo hace de noche, sino de día. Juega a hacernos que creer que tiene un terrible dilema con su sexulaidad y que no puede evitar sentirse atraído por hombres para que lo aupemos en el protagonismo, para que lo arropemos en su terrible tormento.
Y a todo esto no se le llama sufrimiento interior de un concursante especial que no puede controlar sus sentimientos, sino descojone exterior de un espabilado que quiere concursar riéndose de los nuestros, nuestros sentimientos por una mentira que va in crescendo cada día y que ya reconoce como la correcta desde la visita de su amiga.
Y este paripé consiste en machacarlo, darle gusto por la noche y concurso por el día, de esa relación de dos sólo importa que el maletín sea para él. Todo el día corrigiendo, marcando, dirigiendo, recriminando, vendiendo la enciclopedia entera y ahora, añadimos a raíz del cartel al cuello colgado, comentario de convivencia con besico en la mejilla al chino si le pilla a su lado, y hablo y besico y digo y besico, y pregunto o contesto y besico, tan natural todo como la interminable bronca por llamarle el chino a Niedziela gorda. Sería muy largo de contar y muy discutible la buena o mala intención del vasco, con los problemas que hay en el exterior de mujeres con sobrepeso que sufren y jóvenes que pueden acabar terriblemente afectadas por los tres comentarios de un chino al que Carlos llama medio mujer y no lo hace con ninguna retorcida intención ni mucho menos, sino con la sana simpatía de quienes se saben entren dos hombres, tres mujeres y mitad y mitad.
Bueno a lo que iba, para mí, las siguientes palabras definen perfectamente no la intención del pobre chino apaleado una y otra vez por el vasco defensor de causas femeninas tan noble y certero sino la de este defensor de pacotilla con la cámara enfocando a su discurso: tuvo el valor de decir a Niedziela que estaba estupenda porque se había engordado UN kilo (un palooooooooooo) y que ESE kilo le sentaba estupendamente. Uno, señores, señoras, dijo un kilo. Con qué cruda o cruel, que el chino ya nos tiene desconcertados, realidad asumió el importe real. Pero lo mejor viene ahora, que va y para animar a la pobre chavala que pasaba olímpicamente de la historia, va y le dice que con el paso del tiempo, conforme se fuera haciendo mayor que tendría que asumir inevitablmente el cambio del cuerpo y entonces pasaría a pesar más, CINCO kilos más, (00), cinco, ni cuatro ni tres ni quince ni diez, cinco, y que no se preocupara porque seguiría estando estupenda. Y esto es todo amigos. Consultoría maripepis, de mari pe a mari pa, donde esté el Aris que se quite el Sanchís.
Y el chino juega también con sus armas, pero es más honesto con nosotros y sobre todo con él mismo. Pelea el maletín pero juega mucho más limpio, porque todas las fisuras las lleva de serie y no puede evitar ser chino hanito agridulce cero dos con código diario en su vida de adentro del concurso y afuera del concurso porque siempre está concursando a gustar.
Hemos cambiado en este blog la dirección del viento que sopla las velas del rumbo de un marido al del otro, ron y ron , pero las pasas se las va quedando todas el vasco como muescas en su calzón.
Y lo más triste de todo es que en este binomio el porcentaje para ganar no es un porcentaje repartido como lo es la cara y la cruz de la moneda del cofre. Y no es justo porque era necesario.















